A punto de cumplir 81 años y tras sufrir varios problemas de salud agravados por una insuficiencia respiratoria aguda, el artista aragonés Fernando Esteso nacido en Zaragoza en 1945, nos ha dejado en un hospital de Valencia, ciudad donde residía hace años.


Gracias al teatro, y sobre todo a la televisión y al cine, Esteso hizo reír a toda España desde los primeros años setenta tanto en solitario como con Andrés Pajares que fue su pareja artística en nueve películas aunque mucha gente piense que fueron docenas. Largometrajes como Los bingueros, Los liantes o Yo hice a Roque III fueron sonados éxitos de taquilla gracias a la mano maestra de Mariano Ozores y a la desternillante vis cómica de ambos actores.


Además de protagonizar aquellas películas durante el llamado «destape» -no nos olvidemos de otros títulos en solitario como Pepito Piscinas-, el desaparecido intérprete nos demostró su enorme talento para cantar, grabando varios discos de corte humorístico y siendo La Ramona el más popular de todos ellos, seguido de otros temas desenfadados como Los niños con los niños, El zurriagazo, Bellotero pop o Soy un vividor con el que se presentó al Festival de Benidorm en 1982.



Magnífico caricato y brillante imitador de las voces españolas de moda en aquellos años, también hizo parodias como la del disparatado Coñac «La Parra» y trabajó en todo tipo de espectáculos de entretenimiento por nuestra geografía en carpas, teatros o plazas de toros.

Pero como sucedió con tantas figuras públicas, los gustos de la sociedad fueron cambiando, llegó otro tipo de cine, de televisión y de humor y su estrella se fue desvaneciendo paulatinamente. Aunque no dejó de trabajar y de aceptar propuestas, el entrañable artista sentía que su trayectoria no estaba suficientemente reconocida. Y probablemente tenía razón. 


Afortunadamente muchos miles de personas que no representan a ese segmento de población olvidadizo y crítico con el pasado, siguen recordando el arte, la gracia y el talento de don Fernando Esteso cuya figura no debería olvidarse, por la sencilla razón de que fue el culpable de eso tan difícil de lograr en el público, hacer que durante años se parta de risa.

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