A las nuevas generaciones el nombre de Manolo Pelayo (Las Palmas, 1942) ni les suena y de la gente de aquella época sólo lo recuerdan los que tienen una memoria de elefante. A pesar de ello, hoy rescatamos del olvido a un cantante legendario en los años sesenta que formó parte de conjuntos como Los Diablos Negros o Los Botines convirtiéndose en un auténtico ídolo de la juventud de entonces e incluso saliendo a hombros del desaparecido Circo Price de la plaza del Rey de Madrid, en una de esas lejanas sesiones matinales de domingo en que unos pocos grupos pioneros del rock and roll en España comenzaban a triunfar con sus nuevos ritmos importados de Inglaterra y Estados Unidos. Después continuaría una breve carrera como solista para desaparecer del panorama artístico por completo. Tras varios intentos fallidos de búsqueda, hemos dado con él en Canarias para recordar su historia en la música.

Una oportunidad perdida en Benidorm
Finalmente el cantante canario no accede a concedernos una entrevista formal pero nos cuenta brevemente lo que pasó después de su etapa en los citados grupos, además de regalarnos una exclusiva muy interesante: Muy pocos saben que estuvo a punto de cantar La vida sigue igual en el Festival de Benidorm de 1968 en lugar de Julio Iglesias. Algunos, incluido el propio Julio, dijeron que no lo hizo debido una hepatitis pero él lo desmiente: «De eso nada, nunca tuve hepatitis, fue sencillamente hartazgo. En el 68 decidí retirarme para ir a la Universidad y estudiar Políticas y Económicas. Julio Iglesias, que era fan mío y que estaba en contacto con mi casa de discos, Columbia, arregló con ellos cantar la canción».
El por qué de su retirada nos lo cuenta así: «Me retiré porque Alan Milhaud, el gran promotor artístico, decidió que de Los Diablos Negros, el único que valía la pena era yo. Entonces me lanzó en solitario pero a mí sin el grupo con quienes tanto me divertía, dejó de interesarme aquello». En los años ochenta, Pelayo se marchó a vivir a Tenerife y un empresario hotelero que había escuchado un disco suyo le contrató para que cantara en su piano-bar. «Yo, que era rockero y además de guitarra, me compré un teclado, aprendí cuatro acordes y con ellos unas cuantas canciones, sobre todo españolas de las que yo no sabía ninguna, claro!». Al parecer el éxito que tuvo en la isla fue tan grande que no dejaban de pedirle entrevistas en radio, prensa y televisión y, según nos cuenta el propio Manolo «¡hasta tuvieron que poner seguridad en la puerta!». Luego tuvo un programa radiofónico propio en Antena 3 de Radio con la sintonía de Monday, monday de The Mamas and The Papas.
Anonimato alejado de los focos
Desde hace tres décadas, Pelayo actúa a diario para turistas extranjeros en un local al sur de Tenerife donde repasa en directo un variado repertorio de canciones en inglés, francés, alemán, holandés, portugués o italiano brindando al público un buen puñado de grandes temas de una época inolvidable. Y aunque no está por la labor de que nadie recuerde quién fue, hoy rescatamos su historia, la que vivió como auténtico protagonista destacando como aclamado referente musical en los dorados años sesenta.

Publicar un comentario